Hasta el último hombre fue una película
bastante interesante para confrontar el Derecho Internacional Humanitario con
la "vida real" o el contexto bélico, sin embargo, al conocer las
generalidades del DIH a nivel normativo de entrada, al ver la película, te das
cuenta de que en ese entonces nada era respetado, por ninguno de los dos
bandos. Esto puede llevar a pensar: "de qué sirven estas normas". La
respuesta rápida puede ser "de nada, se siguen matando y en el campo de
batalla las irrespetan", pero pensando un poco más las cosas traté de
imaginar cómo sería actualmente la guerra sin esas normativas.
La respuesta es rotunda, mucho peor. Es de suponer que en la confrontación
actual se irrespeten esas normas, podemos ver casos como el de Estados Unidos
en que bombardean sin el mínimo de acatamiento al principio de
proporcionalidad, pero aunque haya irrespeto por cualesquiera que sean las
partes, sé que podría ser peor si no estuvieran esas normativas ahí, que pese a
ser irrespetadas, dejan una marca en todos los Estados, un límite que hace todo
menos peor -si se me permite esa expresión- . Detrás de todas estas normativas
hay una coacción no solo de tipo legal, hay una moralidad del Derecho
Internacional, esto hace que los países que violan las normas no lo hagan,
tanto por repudio de los demás Estados, como por el repudio de su propia
población. Películas como Hasta el último hombre te pueden hacer plantear la
inutilidad del Derecho Internacional y eso está bien, es necesario que nos planteemos
dudas como esa, porque en darle respuesta es que encontramos el progreso.
"De qué sirven esas normas", me pregunto ahora, y me respondo: "Salvan
vidas."
***
Por otro lado la
película me llevó a cuestionarme sobre la banalidad de la vida, cosa que puede
parecer más un problema de corte filosófico que de derecho, pero que es
necesario plantear. La vida del ser humano en la película es indigna, se le
cosifica, de lado y lado, tanto los aliados, que llamaban a los japonés bestias
o salvajes, como los japonés, que pese a no decirlo en la película es fácil
suponer que también tenían esos pensamientos, y producto de eso podemos ver
cómo asesinan a los heridos y revisan cuerpo por cuerpo en busca de
sobrevivientes para el mismo menester. En la guerra es fácil quitar una vida,
todo ese mundo detrás de cada ser humano puede ser extinguido en un segundo,
con una bala explotándote el cráneo; en minutos, con el fuego de un
lanzallamas; o en horas, desangrándote esperando el apoyo médico. La vida en la
guerra es banal, pero en esa banalidad es que la normativa se enfoca -y creo yo
que es aquí donde el problema filosófico entra al campo del derecho- para poder
ayudar a que la extinción de la vida humana sea lo más placentera posible y
entiendo que esto pueda sonar chocante, pero es un hecho. El mundo ha avanzado,
pese a que nos sigamos matando en guerras sin sentido o nos dejemos poseer por
el manto del poder, y es gracias a esas normativas que se dignifica lo banal,
es gracias a ellas que podemos darnos cuenta que hay cordura aún en el mundo y
también podemos darnos cuenta, que pese a que el campo de batalla sea un
infierno de odios y miedos, siempre habrá alguien, un soldado, un Doss, como el
de la película, que esté dispuesto a respetar esas normas y a luchar por la
preservación de la vida del enemigo y del amigo, a humanizar, como el Derecho
Internacional, la guerra, que es lo más inhumano que poseemos.
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