UN SILENCIO QUE HABLA A GRITOS
Un
voto oculto, con poder en los comicios electorales.
Por: Zulay Beatriz Baza Puello.
La democracia
es una forma de gobierno del Estado, en donde el poder es ejercido por
el pueblo, quien elige mediante el voto a quienes han de dirigir el país por determinado periodo de tiempo.
El ejercicio democrático implica participación,
cuanto mayor participación ciudadana se surta
en los procesos sociales y políticos de un país, más democrático puede considerarse el sistema
¿Qué sucede entonces cuando la abstención de la ciudadanía sobrepasa el
porcentaje de los votos obtenidos en comicios electorales?, ¿Se decretarían las
elecciones ilegítimas? Este es el caso
que vive nuestro vecino país Venezuela, quien el pasado 20 de mayo de 2018 reeligió
como presidente a Nicolás Maduro Moros, pese a un 80% de abstención vivido en
la jornada electoral, según Antonio Delgado, en
análisis de comicios presentado
al periódico el Nuevo Herald.
Es preciso reconocer un gobierno a manos de un
dirigente elegido “democráticamente” por cerca de un 20% de los ciudadanos
registrados y habilitados para ejercer el voto en el país. En este caso es más coherente optar por
analizar lo que implica la abstención, y
el mensaje que en este momento deja en el proceso electoral ese voto oculto.
La abstención trae consigo, inconformidad,
desesperanza, desidia, y hasta rebeldía frente a programas que ya no convencen
y a gobiernos en los que no se confía, por gobernar a espaldas del pueblo, por
administraciones con indiferencia social, que perjudican directamente a una
nación, a esa misma que luego necesitan para volverse a elegir.
Así
como Hernán Montecinos (2008) en su artículo, EL ABSTENCIONISMO, “manifiesta
que este parece tener varias dimensiones entre las que menciona la
Sociopsicológica, que implica problemas tales como alienación e insatisfacción
políticas y sentimientos de baja eficacia de sus acciones políticas” acontecimientos como la abstención deberían entonces revertir procesos
electorales, ya que los resultados de los mismos no representan el querer de la mayor parte de
la población de un país, y mucho más grave
aún, cuando el elegido es quien administra los recursos que garantizarán la
calidad de vida de todo un pueblo.
Dicho esto es necesario resaltar que si con la
abstención no es posible enviar un mensaje real a quienes dirigen un país, entonces
es indispensable prender las alarmas en instancias externas que garanticen un
ejercicio democrático en el que la confianza aflore y en el que la
participación activa de la ciudadanía sea la bandera. Bajo estas circunstancias
se hace un llamado a la participación de
organizaciones interesadas en la asistencia democrática y la gobernabilidad,
tales como; la Fundación Internacional
para Sistemas Electorales (IFES), que provee asistencia técnica dirigida a
fortalecer a las democracias en transición y quien ha desarrollado e implementado
soluciones democráticas integrales y de colaboración en más de 100 países.
Junto con Las Asociaciones de Organismos
Electorales como formas de organización de las instituciones electorales
responsables de planear, organizar, ejecutar y en muchos casos juzgar los
procesos electorales y todos los aspectos que estos conllevan. Todo con el fin
que la democracia siga siendo una fiesta y no la pesadilla de nunca acabar en
la que están sumergidos muchos de los pueblos que dicen ser democráticos.
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