Hace 7 años, varios países de medio
oriente se vieron flagelados por revueltas, protestas, levantamientos e
intervenciones que dejaban como resultado una reconfiguración del mapa de la
región, desde entonces las crisis internas desataron un clima de inestabilidad permanente.
Las protestas se daban en todos aquellos
países árabes que enfermaban de condiciones similares, como; altos precios en
alimentos, falta de trabajos, represión, reclamos de libertad y derechos
democráticos, búsqueda de cambios en el gobierno o régimen.
Dimitiendo gobiernos como el de Ben
Alí en Túnez, Hosni Mubarack en Egipto, el cual les hizo frente a las protestas,
reprimiendo con fuerzas policiales y, en Libia, Muamar el Gadafi, el cual
respondió violenta y rápidamente a la población civil.
En
Syria, empezó en 2011 con una serie de protestas pacificas en contra del
gobierno del presidente Bashar Al Asad, provocando que una parte de la sociedad
civil y el ejercito se alzaran en armas, formando el entonces denominado
Ejercito Libre de Syria (ELS), lo que afluyó una guerra civil.
Por encima de todo, destacó un actor
nuevo (ISIS), que aprovechó la coyuntura para fundar un califato en Irak y
Syria, donde llegó a controlar el 55% aproximadamente del territorio.
La barbarie que hizo atavío en su
fase de expansión logró lo que no había logrado las acciones de Al Asad; incitar
a EE. UU para intervenir en el país, ya que, en la candidatura anterior del
estado americano, el presidente Obama había declinado atacar al regimen en 2013,
después de que Al Asad usara armas químicas en un ataque perpetrado en Guta Oriental.
En 2014, sí se decidió a bombardear
al ISIS, contra el que impulsó una gran colisión que trajo como consecuencia, atentados
por parte de ISIS a Europa y EE. UU “como respuesta a la política exterior de EE.
UU hacia el estado islámico.
En 2015, Al Asad había perdido mucho
territorio, pero encontró su “salvación” en Rusia e Irán, que buscaban reforzar
su propia posición en Oriente Próximo. El presidente Ruso Putin, bombardeó a
grupos rebeldes (opositores del regimen Al Asad), pese a que alegaba ser ISIS
su objetivo.
La “globalización” del conflicto dio
lugar al “apoyo” de EE. UU, UE y Liga Árabe y, por otro lado, tenemos a Rusia,
China e Irán, proporcionando armamento y capital.
Sí bien, la primavera árabe ultimó
gobiernos dictatoriales, dejó como resultado un medio oriente con inestabilidad
geográfica, económica, político y social, convirtiendo la región en un
escenario ideal para la intervención de países y fortalecimiento de grupos
terroristas.
Ahora bien, el conflicto en los
países árabes, se debe a dos razones principales, la primera; ubicación
estratégica para el comercio y presencia de una gran fuente de petróleo (cerca del 65.4% según la OPEP, de acuerdo a
las reservas probadas para el año 2013) y de
gas natural, pero por otro lado (oriente próximo), en segunda medida, tenemos rivalidades entre las principales religiones monoteístas (Islam, Judaísmo y Cristianismo), al encontrarse en esta zona la “tierra prometida” por la deidad suprema de sus respectivas creencias. En este punto es necesario preguntarnos, ¿Es esto realmente necesario?, lo cierto es que la avaricia, la codicia y la sed por ser cada vez más poderoso, nos hace progresivamente menos humanos, la línea que nos separaba de las bestias es desdibujada por el interés particular, en donde los afectados primarios de este tipo de escenarios son aquéllos que un mundo pacífico buscan, aquélla parte de la población que con esfuerzo, trabajo y ética, pretenden conseguir sus metas, respetando los derechos de sus iguales. ¿Acaso la historia debe repetirse continuamente?, regresar a la época en donde se castigaba severamente a todo aquél que fuese considerado “hereje” o enemigo sólo por tener concepción distinta religiosa, para este punto, ¿será necesario entonces llegar a un mundo donde las religiones sean inexsistentes? o ¿será más viable, respetar la cosmovisión de cada individuo sin necesidad de imponer creencias por encima de las demás?, partiendo de que no existe verdad absoluta.
gas natural, pero por otro lado (oriente próximo), en segunda medida, tenemos rivalidades entre las principales religiones monoteístas (Islam, Judaísmo y Cristianismo), al encontrarse en esta zona la “tierra prometida” por la deidad suprema de sus respectivas creencias. En este punto es necesario preguntarnos, ¿Es esto realmente necesario?, lo cierto es que la avaricia, la codicia y la sed por ser cada vez más poderoso, nos hace progresivamente menos humanos, la línea que nos separaba de las bestias es desdibujada por el interés particular, en donde los afectados primarios de este tipo de escenarios son aquéllos que un mundo pacífico buscan, aquélla parte de la población que con esfuerzo, trabajo y ética, pretenden conseguir sus metas, respetando los derechos de sus iguales. ¿Acaso la historia debe repetirse continuamente?, regresar a la época en donde se castigaba severamente a todo aquél que fuese considerado “hereje” o enemigo sólo por tener concepción distinta religiosa, para este punto, ¿será necesario entonces llegar a un mundo donde las religiones sean inexsistentes? o ¿será más viable, respetar la cosmovisión de cada individuo sin necesidad de imponer creencias por encima de las demás?, partiendo de que no existe verdad absoluta.
Es inevitable no hacer mención de
actores que se alimentan de la desesperación, sentimientos de opresión o miedo
y la visión de estar siendo invadidos o desterrados, lo que parece ser este el
motor de las potencias, en donde los enredos y alianzas políticas se vuelve
propio de ellos, las tácticas corruptelas que parecen ser la “salvación”, resultan ser sólo ofuscación
en mitad del desierto.
Tal como en el año 313 d.C, Flavius Valerius Aurelius Constantinus,
para conseguir cierto grupo poblacional (cristianos), decide hacer legal de
cierta manera esta corriente religiosa en el imperio bajo su dominio. No muy
distante resulta esta actitud de las potencias actuales, por un lado, te hacen
creer en el “apoyo brindado”, pero
detrás se mueven intereses egoístas, lejanos de la propensión del bien común.
Lo que parecía ser primavera en
medio oriente, no ha dejado más que un frío invierno o ¿debería decir ardiente infierno?, las cifras de víctimas y
combatientes crecen cada día más según censos de entidades internacionales, inversamente
proporcional se hace la posibilidad de terminación del actual conflicto en esta
región, todo por seguir la regla “el más
fuerte sobrevive”, “el de mayores
recursos, gana”, pero, ¿qué es lo que
verdaderamente se gana?, cuando estamos perdiendo rápidamente aquello que
nos hace amar a los demás, de respetar, el ser solidarios sin necesidad de
coimas, de ser empáticos y entender a los demás, todo lo contrario sucede… ¡Estamos perdiendo nuestra capacidad
racional que nos aleja del animal!
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