Fundación Universitaria Tecnológico Comfenalco
Pablo Antonio
Torres Salas
sección 15
Ellos, yo y los demás.
Pronto será otro de los muchos
momentos (según muchos) digno de ser
celebrado en nuestro país, otro logro inoperante que desaparecerá de las mentes
de todos con el pasar de los días, llevándonos al mismo punto de encuentro,
aquél que nos motiva en inicio a la realización o materialización de nuestra voluntad,
¿quizás la de ellos?
El punto que, a pesar de nuestra
férrea posición, se desdibuja y es controlado en gran medida por el pensamiento
de los otros, desnaturalizando nuestra convicción, apartándonos de nuestra
verdad, para que en últimas sea solo la de “ellos”.
Cada vez somos más indiferentes a nuestra realidad, pero es suficiente con
sentir la “satisfacción” de hacer lo
que nos hacen creer como verdad. Comportamientos sistematizados adoptados por
las circunstancias mismas que “ellos”
proporcionan, nos vuelven seres sin motivación propia, maquinas que sólo
almacenan en su disco duro, patrones repetitivos que trascenderán en la mente
de “los demás”.
Se nos enseñan valores éticos,
encaminados a guiar nuestro comportamiento en sociedad, con principios ya
establecidos (quizás por ellos o los
demás), pero... ¿mantenemos eso en
nuestra ram? o quizás, ¿sólo se hace
utilización de ello cuando halla existencia posible de algún interés? Lo
cierto es que el “yo” es un ser
interesado per se y ese es el mayor problema (de tantos) que hemos
naturalizado.
Se nos exige a la vez, capacidad
para la resolución de conflictos, diferentes escenarios así lo estiman; ya sea
personal, familiar, social o académico, y es este el punto que quisiera
abordar.
Pronto será otro de los muchos
momentos dignos de ser celebrado en nuestro país, he mencionado al inicio y
hago referencia de la consulta “anti-corrupción”,
avalada por el Congreso de la República mediante decreto 1028, escenario que después
de un breve periodo, hará escuchar las voces de “ellos y los demás”, o al menos partiendo de esa hipótesis.
La historia en Colombia nos ha demostrado
duramente de que no tenemos conciencia, mucho menos sentido de pertenencia.
Sólo a partir de la superación misma de estos se puede llegar a una real y
efectiva solución.
Para la solución, debemos partir de
supuestos de hecho y cuestionar el origen de la lid, generando así,
posibilidades para la resolución. Conducta que se nos ha hecho imposible de interiorizar,
porque resulta más fácil quedar en espera de que “ellos” puedan actuar, porque creemos en lo más profundo de nuestro
ser de que al tener la calidad de “ellos”
se vuelven portadores de las verdades, pero ¿se
ajusta la actuación de ellos a lo que en principio pudimos realizar? esa
pregunta tendrá respuesta nunca si mantenemos ese patrón. Podría pensarse que
actúan por su conveniencia (no es un secreto), entonces... ¿dónde queda la tuya o la de los demás?
Menester es cuestionar la efectividad
y eficacia del mecanismo planteado para la tan anhelada solución a la
corrupción que se gesta día a día en el vientre de nuestra madre patria,
creciendo más y más, volviéndose fuerte, dominadora de los débiles que suelen
tener ataques de desconexión moral y ética.
Con mi escrito no pretendo incitar
apologías anárquicas, por el contrario, visualizar el problema desde raíz,
evitando en la mayor medida posible las desviaciones innecesarias.
Dicen que cada pueblo es libre y
tiene la necesidad de direccionar su propio destino, ¿qué quieren ellos y los demás?,
¿a dónde nos llevará nuestra ineficaz posición?
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